El Puente De Alcantara 1 by Baer Frank

El Puente De Alcantara 1 by Baer Frank

Author:Baer Frank
Format: mobi
Published: 2010-11-29T17:30:27.278000+00:00


18

MURCIA

VIERNES 4 DE DU'L–HIDJDJA, 455

28 DE NOVIEMBRE, 1063 // 5 DE TEBET, 4824

Menos de cinco es soledad; más de cinco, un bazar. Siguiendo este refrán del príncipe heredero, Ibn Ammar había limitado a cinco el número de asistentes a la fiesta. Además de él mismo y el anfitrión, sólo habían sido invitados dos de los amigos más íntimos del príncipe. El quinto convidado era el nuevo astrólogo de la corte, Seth, el egipcio, quien desde hacía seis semanas figuraba en la nómina del heredero y había dado a Ibn Ammar el pretexto para la fiesta. Seth, el Mago de la Noche, un hombre impresionante, de unos cincuenta años, muy alto y corpulento, dueño de una rizada cabellera negra azabache y una barba igualmente negra, que contrastaba llamativamente con su rostro blanco como la leche.

Unos días después de llegar Seth a la corte, Ibn Ammar le había preguntado, más bien de pasada, si acaso podía encontrarse en el firmamento una causa a la lamentable esterilidad del príncipe. Y, tras hacer unos breves cálculos sobre la hora de nacimiento del príncipe, el egipcio había descubierto, efectivamente, una oposición –hasta ese momento totalmente desconocida– de Saturno y un aspecto desfavorable de Mercurio sobre la cola del cometa, constelaciones cuyo influjo negativo probablemente había hecho imposible que el príncipe tuviera un hijo. Instado por Ibn Ammar, el astrólogo también había llegado a la conclusión de que ese influjo negativo duraría sólo hasta los cuarenta años, edad que, por fortuna, acababa de cumplir el príncipe. Además, sorprendentemente, éste se encontraba a las puertas de una constelación irrepetible por lo positiva, que traía consigo todas las condiciones necesarias para engendrar un hijo. Una conjunción de Júpiter y Venus, a una distancia claramente inferior a los seis grados, y en la que el acercamiento máximo se produciría un día viernes, el día de Venus, y, según cálculos más precisos, en la primera hora del día, que era la hora tanto de Venus como de Júpiter. Y, para redondear esta suma de presagios favorables, la conjunción tendría lugar bajo el signo de Tauro, signo en el que había nacido el príncipe y que estaba regido por Venus, circunstancia que fortalecería aún más el influjo tan inusual que Venus ejercía sobre el impulso sexual.

Los signos eran tan favorables que en un primer momento Ibn Ammar pensó que todo aquello no era más que un mero engaño. Pero como el príncipe heredero mandó despedir inmediatamente a su viejo astrólogo al enterarse de las afirmaciones del egipcio, y como en la corte no había un segundo especialista que pudiera confirmar los fabulosos cálculos del nuevo taumaturgo, Ibn Ammar no tardó en desechar sus sospechas y empezó a concebir un plan que tendría que poner en práctica aquel consabido viernes.

Ibn Ammar encontró al astrólogo en el salón que sería el escenario de la fiesta. Con él estaba el arquitecto que había diseñado la decoración.

–¿Todo a tu gusto? –preguntó Ibn Ammar.

El egipcio sacó hacia fuera el labio inferior y se encogió de hombros.

–En



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